A veces, cuando en una pareja aparece la idea de incorporar un juguete, también aparecen algunas dudas: “¿Y si después le gusta más que estar conmigo?”, “¿Para qué necesita eso si me tiene a mí?” o “¿Será que yo no le alcanzo?”.
Esas preguntas son mucho más comunes de lo que parece.
Pero un juguete no ocupa el lugar de una persona. Puede sumar sensaciones, curiosidad y nuevas formas de compartir, pero no reemplaza un abrazo, una mirada, una conversación, el deseo ni todo lo que sucede entre dos personas.
También puede usarse de muchas maneras. Puede formar parte de un encuentro en pareja, utilizarlo uno sobre el otro o simplemente estar presente como una posibilidad más. Y, por supuesto, cada persona también puede disfrutar de sus juguetes a solas.
Lo importante es que incorporarlo sea una elección y no una obligación. No hace falta probar algo solamente porque está de moda o porque otras parejas lo hacen.
Si existe curiosidad, se puede empezar hablando: qué nos gustaría, qué no, qué nos da un poco de vergüenza o qué preferimos dejar para otro momento.
Los juguetes no vienen a competir con nadie. Vienen a sumar posibilidades.
En No es Pecado creemos que cada pareja puede encontrar su propia manera de jugar, respetando siempre las ganas y los límites de cada persona.