Tener curiosidad por probar un juguete y no saber cuál elegir es mucho más común de lo que parece.
Hay distintas formas, tamaños, materiales y funciones. Y cuando uno empieza a mirar puede pasar justamente eso: hay tantas opciones que elegir se vuelve más difícil.
Pero el primer juguete no tiene que ser el más sofisticado, el más potente ni el que está de moda.
Tiene que ser uno que tenga sentido para vos.
Por eso, antes de elegir, podemos empezar por algo mucho más sencillo: pensar qué te gustaría descubrir. Qué tipo de sensaciones buscás, si preferís algo suave o más intenso, algo pequeño y discreto o con otras características, si lo vas a disfrutar a solas o compartir y, también, cuánto querés gastar.
No hay respuestas correctas. Incluso podés tener muy claro lo que no querés, y eso también ayuda muchísimo a elegir.
A veces la primera elección termina siendo un juguete pequeño y sencillo. Otras veces, después de conversar un rato, descubrimos que la persona se siente cómoda empezando por algo completamente diferente.
No existe “el mejor primer juguete”. Existe el que puede ser adecuado para vos.